Vocación por la riqueza

Chillán [Mayo - 2014] Seguramente has jugado alguna vez Monopolio, o también conocido como El Gran Santiago. Un juego de mesa donde, por turnos, el jugador va desplazándose por distintos “barrios” optando a comprar o arrendar, dependiendo el casillero en que cae al lanzar los dados. En este juego hay que elegir a un participante, al que generalmente se le llama “banquero”, quién será el que administre el dinero ficticio. Al comenzar, el juego requiere que el banquero distribuya el dinero en forma equitativa entre todos los jugadores. Obviamente nadie querrá jugar con un banquero que distribuye sólo un poco del dinero y se queda con todo el resto. Bueno, existe un ejemplo bastante aproximado en la vida real chilena. Existen unos “banqueros” que, luego de deliberar por algunas semanas, deciden cuánto es lo mínimo que debe pagar un empresario a un trabajador jornada completa. Esto se conoce como el salario mínimo, que en Chile es de 210.000 pesos brutos, por lo que aún hay que descontar los impuestos. Se entiende que una familia podrá mantenerse durante un mes con este ingreso. Sin comentarios. Considera también que estos “banqueros” deciden su propio sueldo, que comienza desde los 8.000.000 brutos. Lo simpático es que, dichos banqueros, dicen que hacen su trabajo por vocación y servicio público, no por los 8 millones. No importa, no hay que olvidar lo importante que es el trabajo que estos banqueros hacen por el país, tomando decisiones muy importantes cada día. Pero, si miras la diferencia entre el salario mínimo y el sueldo de un banquero de otros países, como por ejemplo Argentina, que es 11 veces superior, y ves que en Chile es de 28 veces, podrías pensar que acá hay mucho más trabajo o es más difícil. Eso sí, acá se hace mucho mejor.

A los salarios de los banqueros de nuestra historia hay que adicionarle el “apoyo” que reciben para trasladarse, y comunicarse. Esto también es paradójico, si uno considera que la aplicación del Impuesto a los Combustibles esta sus manos, pero al mismo tiempo, estos banqueros financian su propia bencina con dinero público.

No es mi intención ensañarme con estos pobres banqueros, pero creo que su discurso, y el de la mayoría de nuestros hacedores de política, es contraproducente si es que intentan convencernos que se esfuerzan por mejorar las condiciones de los ciudadanos comunes, al mismo tiempo que uno observa que, desde el año 2002 a la fecha, el sueldo mínimo ha crecido un 42% y el salario de estos banqueros 245%, según proyecto de ley de Gabriel Boric y Giorgio Jackson.

Por otro lado, y siendo sincero, no creo que se solucione mucho directamente por disminuir ese honorable salario (o dieta), pero creo que sería una señal clara de honestidad por parte de los “banqueros” y un pequeño paso para el país, contra la terrible distribución de la renta que nos aqueja; y además, motivaría a participar como legislador del Estado (o banquero) a quienes tienen como motivación el verdadero servicio público, y no el autoservicio. ¿Y si todos los chilenos pudiéramos votar por el salario de los banqueros, como un plebiscito? Seguro que a algunos pocos no les gustaría, en especial a los “banqueros”.

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Seguro que tu pagas...

Chillán [Marzo - 2014] Aunque seas emprendedor o no, más de alguna vez has hecho una inversión. Sabes que una inversión conlleva riesgos. Pero se decide asumir o evitar ese riesgo pensando en el beneficio que se obtendría si todo sale bien. Además, podrías disminuir el riesgo pagando un seguro. Por ejemplo, podrías pagar un seguro para que la inversión de la casa propia no se esfume por un incendio o terremoto. Evidentemente, como el interesado eres tú, deberás pagar el seguro tú mismo. Pero ¿te imaginas que otra persona pague el seguro por ti? Te propongo un ejemplo un tanto exagerado: Imagina que compras a 36 cuotas un televisor en una multitienda. El televisor puede estropearse antes que termines de pagarlo, pero la tienda donde lo compras paga un seguro para que tú disfrutes de ese producto por 36 meses. El interesado eres tú, haciendo una inversión por 36 meses, pero un tercero paga un seguro para eliminar el riesgo de tu inversión.

Aunque absurda, es una idea muy atractiva para el cliente, y muy poco rentable para la empresa. En el mundo real esto no sucede, pero al revés sí. Cuando pides un crédito a largo plazo, te obligan a tomar un seguro para cubrir la deuda en caso que te mueras antes de terminar de pagar el crédito. Es decir, el banco reduce el riesgo de perder la inversión, por medio de un seguro. Lo interesante es que el beneficio es para la empresa crediticia, pero el seguro lo pagas tú. Se llama Seguro de Desgravamen. Un seguro muy común en créditos de consumo, hipotecarios, automotrices, etc.

La idea es la siguiente: si compras un auto, por ejemplo, pero no lo logras pagar completamente, porque te mueres antes, la empresa crediticia tendría el “derecho” de cobrar el resto de la deuda a tu cónyuge o pariente cercano que no compró el auto. Hasta aquí ya suena injusto que las deudas sean heredables (legalmente no lo son, pero la práctica es otra cosa). Como si uno pudiera también heredar los sueldos. Se nos hace creer que si uno paga este seguro, la deuda se cancelaria a la hora de mi muerte, y así mi pariente no tendría que pagarla. Es un seguro que pagas tú para que la empresa crediticia reciba todo el dinero que te prestó aunque tú te mueras.

Si intentamos ubicarnos en la vereda del frente y nos ponemos en los zapatos de los banqueros, pensaríamos que es correcto que se nos permita reducir los riesgos de nuestras inversiones. Pensemos en las posibilidades: si el cliente es relativamente joven y sano, sus probabilidades de morir son bajas. Y si le sucede algún accidente… bueno, es el riesgo que tiene asociado todo negocio. Pero ¿si el cliente es anciano, o tiene una enfermedad crónica ya declarada? ¿El banco está obligado a prestarles dinero? No lo está; se puede negar el crédito. Sin embargo, el crédito se otorga obligando al consumidor que pague por un seguro y así no se pierde la venta. Además, este seguro se puede cobrar legalmente a todos, jóvenes y ancianos, sanos y enfermos.

Los clientes no deberíamos estar obligados a pagar un seguro (que incrementa el precio de las cuotas) para protegernos de un abuso comercial, aunque históricamente aceptado, creado por el mismo entorno comercial.

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Trabaja motivado y no mueras en el intento

Chillán [Agosto - 2014] ¿Te motiva trabajar, o sólo lo haces por necesidad? ¿Tienes el “privilegio” de hacer lo que te gusta, o sientes que estás trabajando en el lugar equivocado? Las personas, en general, perciben las motivaciones laborales de forma muy simplista. Quiero decir que, la sociedad generalmente cree que el motor o motivación de un trabajador es el salario obtenido al final de su esfuerzo, y lo que puede comprar con este salario. Es por ello que muchas empresas tienen políticas de bonos o premios en dinero para sus trabajares. Sin embargo, existen algunos buenos ejemplos de que las motivaciones humanas se rigen por asuntos más trascendentales que el mero dinero. El profesor de Comportamiento Económico de la Universidad de Duke, Dan Ariely, presenta el siguiente ejemplo: cuando uno lee libros sobre las experiencias de los montañistas, de quienes escalan grandes montañas sólo por diversión, uno puede observar que están repletos de situaciones infelices. Los montañistas pasan hambre, frio, les cuesta respirar, caminar, etc. Y lo que sería lógico es que cuando lleguen a la cima, deban decir: “he cometido un tremendo error… nunca más lo volveré a hacer”. Pero lo destacable es que estos deportistas descienden, se recuperan, y ¡vuelven a escalar! Está claro que el placer de dicha experiencia no estaba en lo fácil o cómodo que era. Además, no hay dinero de por medio. Sino que la satisfacción estaba en haber completado una tarea y que el resto de las personas los pudieran admirar (por eso escriben un libro).

Existen algunas experiencias empresariales documentadas donde a los trabajadores de ciertas compañías, luego de meses e incluso años de trabajo, se les cancelan sus proyectos antes de que terminen. Esto resulta en que los trabajadores se depriman profundamente, y se sientan incentivados a que, por ejemplo, lleguen más tarde al trabajo, se vayan más temprano y generen gastos innecesarios para las empresas. Sin embargo, quiero destacar que es muy posible que un trabajador en esta misma situación esté motivado incluso a trabajar aún más para lograr que su trabajo “vea la luz” de alguna otra forma, por ejemplo transformando su proyecto y utilizando con otra función. O, por último, tener la posibilidad de presentan este esfuerzo ante el resto de sus colegas y jefes, lo que le permitiría obtener algo de reconcomiendo entre sus pares.

Todos deberíamos considerar estos asuntos. Si eres un jefe o un supervisor, recuerda que obtendrás mejores rendimientos, tanto en cantidad como calidad, si tienes a tus trabajadores motivados no solo con su sueldo. Por más aburrida y desgastante que sea la tarea, si les haces sentir que su esfuerzo es valioso, lo harán con mayor empeño. Por otro lado, si eres un trabajador que no disfrutas de tus tareas, esfuérzate por hacer valorar tus proyectos entre tus colegas y jefes, y de hacerlo mejor que el resto. Porque aunque no existe un trabajo indigno, si existen trabajos mal hechos. Si nos concientizáramos que cada uno debe hacer un aporte, aunque sea pequeño, en conjunto es importante para toda la comunidad, y muy probablemente avanzaríamos a una sociedad desarrollada y eficiente.

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EDUCADO PERO ENFERMO

Chillán - [Noviembre 2015] Los fenómenos sociales son estudiados a través del comportamiento de los grupos humanos o de los individuos que son representativos de alguna mayoría. Desde hace un buen tiempo las protestas populares en favor de la educación, gratuita y de calidad, ha motivado que los distintos grupos políticos se identifiquen con alguna posición y ofrezcan alguna alternativa para mejorarla. Pero, ¿es que la educación era mejor antes y ahora ha empeorado? Sin responder esa pregunta (usted puede reflexionar) destaco que somos testigos de cómo la sociedad se organiza para requerir del gobierno soluciones en la materia.

La educación no es la única necesidad de los chilenos, y me atrevería a decir, tampoco es la más importante. Porque antes de asistir a un aula de calidad, se necesita salud para aprender. Aunque nuestro país ha mejorado sus indicadores, como la baja tasa de mortalidad infantil, la calidad de la atención que se ofrece en los establecimientos de salud no es de lo mejor. Aún, cuando la calidad es una de las garantías del AUGE, muchos usuarios quedamos insatisfechos, porque obviamente hay incumplimientos técnicos y tratos indignos.

No es tema muy mencionado en los medios de comunicación ni es materia de discusión en los debates políticos, y no hay marchas protestando por los derechos de los pacientes. Principalmente, porque los protagonistas están enfermos. Como los índices que miden el comportamiento de la sociedad necesitan “eventos” que medir, y los pacientes están preocupados de sus dolencias y no tienen capacidad de generar un “estímulo” en la sociedad (como una marcha), hay apariencia de salud en un sistema enfermo.

Usted sabe que puede elegir pertenecer al sistema de salud público o privado. Se prefiere la salud privada pues con la publica generalmente quedamos insatisfechos con la atención recibida, más el trato poco digno. Es decir, cuando usted paga por salud en el sistema privado, está buscando también, ser tratado con más respeto y en un entorno más amigable, como las clínicas. En un hospital no será extraño que quien lo atiende no lo salude, no lo mire, y en varias ocasiones (historias sobran) ni lo toquen, sin olvidar las largas esperas, aún en los servicios de urgencias. Y dentro de esto, como ciudadanos comunes, debemos esperar que el médico no yerre en su diagnóstico ni tratamiento.

Sin embargo, no es problema del sistema de salud. Hay leyes y protocolos, incluso en los centros de salud se ostentan grandes carteles con los derechos y deberes de los pacientes. En las carreras de salud se enseña a tratar con dignidad a los pacientes. Si no es el sistema, ni es la instrucción profesional recibida, dejo a su propia interpretación la conclusión.

Se debe trabajar por mejorar la educación pero acordándose que hay lacras sociales que son silenciosas. El trato y la responsabilidad social individual se aprende en casa. Como usuarios (pacientes o clientes) esperamos un trato digno y profesional, y para quienes trabajan en salud deben recordar sus juramentos que hicieron antes de iniciar su vida laboral, en donde se comprometieron a entregar una atención profesional y basada en principios éticos.

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EL COSTO DE AHORRAR PARA LA VEJEZ

Chillán [Lunes 18 de Febrero del 2013] Si está cercano a jubilarse, preocuparse sobre el tamaño de su pensión es un asunto serio. En un contexto capitalista, o de libre mercado como el nuestro, el asunto de las cotizaciones obligatorias es un poco contradictorio. El espíritu del libre mercado es el permitir que cada agente económico (personas o empresas) dirija su capital y activos donde crea que es más rentable. Es decir, dejando de lado los impuestos, el resto de la renta debería ser de libre disposición. No obstante, esto no es absoluto en el tema de las cotizaciones, ya que el sistema actual obliga al trabajador a “ahorrar” un porcentaje de su sueldo, de tal forma de que cuando no pueda seguir el ritmo laboral se sostenga en esos ahorros. En este sistema previsional se pierde esa “libertad” que ofrecía el mercado, pues hoy el trabajador está obligado a ahorrar en una empresa (AFP) que cobra por gestionar su dinero, y en que sus ahorros corren el riesgo de perderse, no puede usufructuar de ellos y no pueden ser retirados hasta la vejez (excepto por la jubilación anticipada).

Por otro lado, se pronostica que el trabajador recibirá una pensión cercana al 60% de su antigua renta. ¿De qué depende esto? En parte del cotizante, pues sólo ahorra una parte de su ingreso. Pero, también existe una variable latente que es la gestión que las AFPs realizan con el capital de los trabajadores. Por ejemplo, las pérdidas asociadas a crisis internacionales que presentan los fondos de pensión son generalmente justificadas como “fluctuaciones inesperadas del mercado”. Pero, dado que el mercado siempre fluctúa y que en cada momento se generan señales que motivan un cambio en la valoración de los activos, el analista financiero debería saber proteger el capital de las pensiones, minimizando las pérdidas.

Frente a lo planteado, se podría esgrimir el siguiente argumento: “Las pérdidas son responsabilidad del cotizante. Este tiene derecho y capacidad de movilizarse de un fondo de pensión a otro, de acuerdo a sus restricciones etarias y perfil de riesgo.” Sin embargo, este derecho exige un mínimo de educación financiera, lo que no es una realidad en Chile. La mayoría de los trabajadores desconocen las estrategias de administración financiera y, por lo tanto, no están en condiciones de movilizar sus fondos al ritmo del mundo financiero nacional e internacional, optimizando sus rentas.

El sistema previsional, per-sé debe existir. Teóricamente es muy lógico, ya lo decía el economista laureado Modigliani (1985) en su Teoría del Ciclo de Vida: “consumir menos hoy (que tengo ingresos) para poder consumir no tan poco mañana (cuando no tengo ingresos)”.

El gobierno cumple efectivamente su rol al proteger al ciudadano de una vejez en pobreza, proporcionándole un método de ahorro, pero, también debería generar una corrección en las opciones de pensión. De tal forma, que si usted está obligado a ahorrar debe tener una opción gratuita. Sólo si está dispuesto a pagar por una mejor rentabilidad, elegiría la opción privada de gestión de fondos. Esto a su vez, motivaría a las AFPs a un mejor desempeño dado que competirían contra el Estado.

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MALAS PRÁCTICAS EN LOS NEGOCIOS

Chillán - [Lunes 23 de Septiembre del 2013] Me gustaría haber titulado esta columna de opinión como: “Malas prácticas en los negocios de Chillán”. Era innecesariamente específico, porque el hecho trasciende a la ciudad… Seguramente, como cliente, usted y yo, hemos sido testigos o víctimas de alguna mala práctica en el mundo comercial. Se entiende como mala práctica en los negocios cuando una empresa, dentro del marco legal que le compete, realiza alguna actividad indeseable. Es decir, no está cometiendo delito, pero basado en una mínima lógica menoscaba al cliente. Me permito algunos ejemplos: Si usted contrata un plan de telefonía o internet móvil, probablemente lo hará comprando un teléfono o modem en cuotas, que se pagan en (generalmente) 18 meses. Si usted quiere darse de baja antes, debe pagar completamente el equipo que pagaba en cuotas, las que ahora serán más altas, incluso el doble. Nadie lo obliga a permanecer como cliente, pero se siente fuertemente “motivado” a seguir como tal hasta cumplir los meses faltantes. Otro ejemplo, son las mantenciones regulares de los vehículos para mantener la garantía. Si su auto es nuevo y tiene menos de un año, la única mantención necesaria no debiese ser más que el cambio de aceite. Sin embargo, nunca le cobrarán menos de $100.000 por cambiarle el aceite y revisar el resto, que lo más probable estará impecable. Nadie lo obliga a hacer la mantención, pero si no lo hace perderá la garantía. Otro caso, son los contratos de arriendo. Algunos corredores de propiedades hacen uso de lo prescrito en el Código Civil que obliga al arrendador a permanecer en ese rol durante un año. De no cumplirse, el arrendatario puede exigir el pago de los meses que faltan para cumplirse el año, mientras podría arrendar el inmueble a otro inquilino, y recibir dos arriendos simultáneos de la misma casa. Solo quiero mencionar un último ejemplo: se ha comentado mucho de que el contrato de seguros no es obligatorio, por lo tanto, al contratar una tarjeta de crédito o un crédito de consumo, usted puede o no pedir un seguro, pero no debe aceptarlo como obligatorio. Aún así, no va a ser extraño que se encuentre con un seguro cobrado en la cuenta que no recuerda haber contratado. Incluso, algunos ejecutivos de importantes bancos le pueden decir que el crédito de consumo que usted solicita pueden dárselo sólo con un seguro de desgravamen. Eso no es verdad, porque éste es obligatorio sólo en los créditos hipotecarios, según SERNAC.

Dejando los ejemplos, uno puede pensar que la estrategia comercial de algunas de estas empresas se traduce en “capturar clientes”,pero esto no a través de un servicio impecable ni de un producto excepcional ni porque es mejor que su competencia, sino porque el cliente no puede negarse. Lamentablemente eso no es fácil corregir porque no es la idea que cada comportamiento comercial esté normado, sino que dentro de un marco legal la empresa sea socialmente responsable. Pero por cultura, muchas empresas se aprovecharán de vacíos/libertades de la ley para realizar estas prácticas indeseables. El gobierno ha legislado para solucionar algunos de estos problemas, pero si los consumidores no hacemos saber nuestra disconformidad esto nunca mejorará por completo.

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Ahorro y desahorro

Chillán - [Lunes 27 de mayo - 2013] Aunque no es una palabra cotidiana, desahorrar se define dentro de la ciencia económica como el endeudamiento. Este utiliza la misma lógica del ahorro, pero en sentido inverso, ya que se ahorra para poder adquirir mañana un bien o servicio que hoy no podría dado mis ingresos, en tanto uno desahorra (se endeuda) para poder comprar y disfrutar hoy con ingresos que adquiriré en el futuro. De todas maneras será necesario restar una porción de mis ingresos cada mes (como si fuera ahorro). Pero, ahora “restar” es obligatorio, porque la institución prestamista lo exige. El ahorro no lo era.

El precio del bien es casi lo mismo en ahorro y desahorro. Ese “casi” es el costo del endeudamiento, porque hay algunos detalles que a menudo son obviados por los consumidores de créditos, a saber: la tasa de interés.

Pese a lo anterior, el endeudamiento parece ser la única opción para adquirir la casa propia. El problema es que este tipo de crédito presenta no uno, sino dos costos asociados. El primero es la mencionada tasa, y la segunda es la UF. Como el dinero pierde capacidad de compra a través del tiempo dada la inflación (En Chile hoy está cercana al 3% anual), los bancos se protegen asegurando que los clientes les devuelvan al final de los 20, 25 ó 30 años, la misma capacidad de compra (no de dinero) que le prestaron. Eso lo logran con un crédito en UF en vez de en pesos, ya que la UF refleja el movimiento de la inflación. Por lo tanto, usted debe pensar que para pedir un hipotecario, además del precio de la casa debe adicionar el interés del banco y la inflación acumulada en el tiempo que dura el préstamo.

La teoría económica asegura que, en economías de capital, el endeudamiento es necesario, ya que permite a las familias controlar sus diferencias entre ingresos y gastos, pero debe ser utilizado con discreción. El Banco Central de Chile observó que las familias chilenas movieron sus proporciones de deuda-ingreso desde 35.4% (año 2000) hasta el 59.9% en el 2009. Lo que significa que el temor a endeudarse disminuyó a una tasa de casi 100% en 10 años. Las familias destinan una proporción mayor de sus ingresos a pagar deudas y el mercado responde aumentando su oferta de créditos, disminuyendo sus restricciones. Debe saber que mientras usted sea más riesgoso para el banco (menor sueldo, trabajo inestable, familia amplia, pocos activos, etc.) igualmente le prestarán dinero, pero a tasas más altas.

En Chile, los clientes que mejor responden al desahorro (en términos proporcionales) son las mujeres, aunque son menos propensas al endeudamiento que los hombres.

Creo que la mayoría de las instituciones financieras funcionan bajo la ley, sin embargo el Estado debe avanzar más rápido en sus iniciativas de educación financiera, pues al final del día, es responsabilidad de cada consumidor solicitar dinero prestado o aceptar una tasa en un crédito. Si puede evítelo. Si cree que es vital, infórmese y cotice antes de tomar una decisión. Y si cree que ha sido engañado, denuncie a la Superintendencia de Bancos e Instituciones Financieras.

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