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La salud busca trabajo

Chillán - [Marzo 2017] Comenzando el año académico, los que deberían estar más entusiasmados son los alumnos de primer año de la educación “superior”. Han hecho una decisión muy importante. Una decisión estratégica. En el mundo de los negocios una decisión estratégica es aquella que no se puede deshacer fácilmente o dar marcha atrás tiene un alto costo. Decidir qué tipo de profesional ser, claramente es una de ellas. El que quiere ser un profesional debe invertir varios años de dedicación exclusiva al estudio para alcanzar la meta y una suma importante de dinero, la que puede significar un endeudamiento por otros años más. Estas son razones suficientes como para que el futuro estudiante y su familia evalúen todos los aspectos de dicha inversión. ¿Cuál es el mejor camino? ¿Estudiar lo que siempre ha soñado? ¿Estudiar lo que más demanda el mercado? Son muchas las variables a considerar, y el costo de arrepentirse a mitad de camino es altísimo. En este sentido quiero mencionar un mercado laboral que ha experimentado cambios interesantes: el de las enfermeras. Se debe tener presente que sólo en Chillán hay 5 casas de estudios que imparten la carrera, y además algunas universidades de Concepción envían sus alumnos de práctica a nuestra provincia.

Este es un tema serio para Ñuble, donde viven cerca de 2500 familias con hijos en esta carrera. Según el portal mifuturo.cl, del Ministerio de Educación, hasta el año pasado había 41.042 estudiantes de enfermería en Chile, y el 2016 se matricularon 7.358 jóvenes. Para comparar, piense que en los últimos 5 años las carreras de Derecho e Ingeniería Comercial han incrementado sus titulados en 53 y 60% respectivamente, pero enfermería lo ha hecho en 109%. Este año, al igual que los anteriores, las carreras de enfermería son las que presentan mayor demanda en las universidades locales. Y este comportamiento sostenido en los últimos 10 años parece ser lo que hoy muestra un cambio en el mercado laboral de los enfermeros chilenos. Estos profesionales jóvenes y recién egresados están percibiendo que no es “tan fácil” encontrar trabajo. En el 2011 la OCDE advertía que Chile tenía escases de enfermeras, y pronosticaba que se necesitaba llegar al menos a 40 mil. A este ritmo parece que se alcanzará pronto una pseudo-saturación del mercado.

Pero el asunto no debe pensarse así. La percepción de la población era que se necesitaban muchas enfermeras, entonces era “simplemente” estudiar, y luego elegir el mejor puesto. Pero esta era una condición privilegiada de las enfermeras con respecto a otros profesionales, los que podrían tardar 8 meses a 2 años en encontrar un primer buen trabajo. Hoy las enfermeras observan con preocupación que se tardan más de 3 meses en encontrar trabajo. Lo que es obvio es que no se construyen hospitales, consultorios o clínicas a la misma velocidad en que egresan las enfermeras.

Chile aún necesita enfermeras. Por un lado el Estado debe proporcionar la infraestructura para la promoción de la salud. Pero una parte importante la tiene cada uno de los enfermeros, y consiste en buscar, por sus propios medios, cómo poner su conocimiento al servicio de la gente, y de forma sostenible. Eso se llama emprender.

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Ahora mando yo !

[Chillán] La Universidad de Concepción es la universidad más importante fuera de Santiago, la tercera mejor del país y un referente en Latinoamérica. Creada hace 97 años en Concepción y 62 en Chillán. Cerca del 10% de la producción científica del país proviene de esta universidad y dentro de sus aulas se encuentran aproximadamente 25000 alumnos de pregrado estudiando. Un asunto muy importante es que la UdeC acoge una gran cantidad de alumnos talentosos, pero provenientes de contextos vulnerables. Sin embargo, todos estos asuntos son aparentemente de poca importancia para la actual reforma educacional, la que considera que la forma “natural” de clasificar las universidades es si son gestionadas por el Estado o no. Es importante mencionar que la UdeC nace como una necesidad de la ciudadanía, que solicitó al Estado establecer una universidad en la región, y el gobierno de turno determinó que no era necesario y que las universidades de Santiago serían suficientes para el país. Nótese que en ausencia de la Universidad de Concepción Chile hoy tendría 57000 profesionales menos.

La nueva reforma educacional considera eliminar o reducir sustancialmente los aportes fiscales que hace el gobierno a las universidades del Consejo de Rectores en general, y solo considerar a las instituciones administradas por el Estado, dejando fuera al resto de universidades que, siendo privadas, tienen un rol público y un tremendo impacto en la sociedad. Estas universidades, el G9 en su conjunto, produce más de la mitad de los bienes públicos del país. Y parafraseando a la ministra Delpiano, si dichas universidades quieren recibir recursos públicos deberán permitir cierto control estatal.

¿Qué tipo de solución es esa? La UdeC lleva 97 años cumpliendo el rol del Estado en la región, en materia de educación y como reductor de desigualdades, ofreciendo matrículas comparativamente bajas, otorgando becas propias a cientos de alumnos, dando salud, alimentación y alojamiento a otros cientos, trabajando por el desarrollo social y descentralizado de Chile sin tener un representante del gobierno opinando sobre su gestión. La sola propuesta de discriminar a las universidades de acuerdo a su naturaleza jurídica supone ignorancia al verdadero rol de las universidades, y del vínculo que tienen con la sociedad. Más aun, aislar a la UdeC del apoyo estatal, será un error gratuito para un ministro que dejará el problema para el siguiente, pero la región y el país sufrirán los costos.

El lector puede preguntarse, si la UdeC finalmente no permite la intromisión del Estado en su administración, ¿al gobierno le sobrarán esos recursos? O, por otro lado, si la UdeC acepta la propuesta de la ministra, ¿los recursos financieros estarán asegurados para la UdeC, o también dependerá del crecimiento económico del país? De acuerdo a los medios… nadie sabe nada.

Si la reforma no se corrige, y se convierte en otro gran error, lejos de ser una mejora a la educación, será un retroceso en el desarrollo económico de la región, tanto desde el punto de vista de generación de mano de obra capacitada (y altamente capacitada) como de la accesibilidad al conocimiento.

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El fraude piramidal y sus aristas

Chillán - [Marzo 2016] Por razones obvias, hoy en día se ha escuchado bastante sobre el fraude piramidal. Este tipo de fraudes ha sido detectado en Chile un par de veces, pero la capacidad adquisitiva, de ahorro y crediticia de los chilenos ha cambiado mucho estos últimos años, permitiendo que hoy sean ingentes los fondos defraudados, aun a simples chilenos.

Entender con claridad cómo se desarrolla este tipo de fraudes nos da algunas pistas para evitar posibles reincidencias. Desde mi punto de vista, son 3 las grandes razones para la existencia del fraude piramidal. La primera tiene su origen en el creador del fraude. Este tipo de engaño económico no es una mutación, como una célula enferma de la economía que se transforma en un cáncer, a través del tiempo. Todo lo contrario. La idea nace con el objetivo de defraudar. Tenemos que pensar que los creadores de este fraude dedicaron muchas horas, recursos y contactos con el único fin de engañar y dañar a otros. Incluso, deben haberse sentido orgullosos de tener tan retorcida idea. En otras palabras, el origen de la estafa se encuentra en la mente inescrupulosa de hombres o mujeres que no acostumbran pensar en alguien fuera de ellos mismos.

El segundo problema viene de la víctima. La persona que recaudó un fondo, probablemente desde distintas fuentes, como préstamos familiares, ahorros, créditos, etc. La idea de este incauto “inversionista” es crear una inversión lo más grande posible, para que ese 5 o 7% de ganancia sea atractivo. Entonces, se despierta en él un gen muy común en el humano, el de la ambición. Claro, imagina que puedes ganar bastante dinero sin esfuerzo. No tienes que trabajar, sólo tienes que esperar que cada mes llegue la recompensa a tu cuenta. Suficiente dinero, como el tamaño de un buen sueldo. En todo el mercado no existe una alternativa tal. Incluso en internet pululan las ofertas de “trabaja desde tu hogar” que muestran supuestos testimonios de personas que ganan interesantes sueldos haciendo, al parecer, algo muy fácil desde la comodidad de su casa. Estas ofertas, en internet, siempre solicitan primero la compra de algún producto o libro para incorporarte. En resumen, la ambición es el segundo componente para que este fraude sea exitoso.

Si has sido educado en un hogar que te enseñó que el dinero se gana honestamente, trabajando duramente con moral y ética, las dos primeras razones se eliminarían de esta ecuación del fraude inmediatamente.

Finalmente, el tercer componente es la Educación Financiera. A las víctimas de este fraude se les hace creer que la oferta que reciben es financieramente posible. En este caso 5 a 7% mensual libre de riesgo. Absoluta falacia. No es posible encontrar una inversión financiera de dicho tamaño en ningún mercado. Por otro lado, no es posible encontrar una inversión completamente libre de riesgo. Los especialistas esperan encontrar una relación inversa entre rentabilidad y riesgo. Es decir, a medida que aumenta la rentabilidad de la inversión, se deberá asumir mayor riesgo. En consecuencia, si una gran mayoría de los ciudadanos tuviesen buenas nociones de finanzas, incluso desde el colegio, habría muchos menos “inocentes” cayendo en fraudes económicos.

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Yo me coludo, tu te coludes, él se colude...

Chillán - [Enero 2016] Colusión es el concepto económico de moda. Gracias a las nuevas atribuciones de la Fiscalía Nacional Económica detectar comportamientos colusivos se ha hecho menos complicado que antes, aunque el asunto de las penas aún está pendiente.

Básicamente la idea es que un pequeño grupo de empresas acuerdan establecer un precio en común, obviamente superior al que se ofrecería el producto si las empresas compitieran entre ellas. Estos acuerdos están prohibidos debido a que el precio que se genera es ficticio para el mercado y no representa la valoración que la sociedad le da a dicho producto.

El precio de un producto que se vende en un mercado competitivo está dado principalmente por su abundancia relativa. Si un vendendor puede controlar su precio, decimos que es un monopolio. Pero si son varias las empresas, no tendrán suficiente poder para controlar los precios; en consecuencia se coluden.

Imagina que te encuentras en un terminal de buses y quieres comprar galletas para el viaje. Tienes un único negocio al alcance, el que está en el mismo terminal. Cuando pagas las galletas sabes que, al menos, están al doble del precio del supermercado del centro de la ciudad. Esto sucede porque el vendedor sabe que controla la abundancia de galletas en el terminal. El comprador generalmente no alcanzará a ir al centro para comprar estas galletas, por lo que tiene sólo dos opciones. Las compra a precio monopólico, o no comerá galletas durante su viaje. Un monopolio no es sólo cuando existe una única empresa en el mercado, de hecho, hay muchos vendedores de galletas en la ciudad; sino también es el que controla la escasez (de galletas, en nuestro ejemplo), al menos en una zona geográfica.

¿Y qué tal si hay dos tiendas que venden galletas en el mismo terminal? Dos opciones: compiten ofreciendo el precio más bajo o, se ponen de acuerdo para poner un mismo precio conveniente (colusión). Estoy seguro que el lector conoce muchos casos parecidos, sin siquiera tocar el tema de los grandes supermercados, o las grandes cadenas de farmacias, o la industria del papel tissue, ni el gremio de ginecólogos de Ñuble. Por lo que salta a la vista que el comportamiento anti-competitivo no está arraigado en el “gran gerente millonario”, también aparece en los emprendedores y en los pequeños y medianos empresarios. Lo que sucede es que el “gen del oportunismo” no distingue el tamaño de empresas. La gente reclama con justa razón el aprovechamiento de estas emblemáticas empresas por vender productos altamente consumidos (incluso necesarios) a precios irreales. Pero, cuando uno observa el mismo comportamiento, a menor escala, incluso en negocios locales, se comprende que muchos pequeños empresarios sólo necesitan la oportunidad para sacar partido de sus posiciones ventajosas; esto, a costa del consumidor (su vecino).

Fiscalización no es lo único que necesitan los mercados chilenos y sus industrias. Mayores castigos tampoco. Esto sólo desmotiva al inmoral, pero no cambia su forma de pensar. Lo que se necesita es que cada empresario en Chile tome conciencia de que forma parte de una sociedad, en la que cada actor tiene la responsabilidad moral de hacer una ciudad y un país mejor.

La industria no te cuida

Conflicto de intereses[Chillán - Noviembre 2015] Un buen consejo nunca puede venir de alguien que espera algo a cambio. En otras palabras, un buen consejero no puede tener conflictos de interés.

Resulta que constantemente recibimos información de los medios, indicándonos qué debemos comer y beber. Antes de comprar debes pensar: ¿ellos quieren mejorar mi calidad de vida, o sólo quieren que compre su producto? Esta reflexión es muy obvia, al principio, pero la población ha educado sus hábitos alimentarios en función de lo que las campañas publicitarias transmiten.

La ciencia ha hecho sus aportes mostrando cómo tradicionales alimentos o productos no son tan recomendables como antes se pensaba. Recordemos, por ejemplo, que hace 70 años se pensaba que fumar era saludable. Incluso, en Estados Unidos, una empresa se publicitaba con: “más doctores fuman Camel que cualquier otro cigarrillo”.

Lamentablemente existen muchos ejemplos nacionales de cómo la industria motiva el consumo de alimentos que la ciencia recomienda reducir, o incluso eliminar de la dieta.

La industria azucarera dice que no hay suficientes investigaciones que vinculen el consumo de azúcar con ganancia de peso y obesidad. Sin embargo, incluso está asociado con daños renales y efectos negativos en la memoria y el aprendizaje. Un estudio de la Universidad de Navarra y el Instituto de Nutrición Humana de Alemania mostró que el 83% de las investigaciones que dicen que el consumo de azúcar es inocuo, fueron financiados por la industria alimentaria.

Todo Chile conoce la famosa campaña que motiva a la población a consumir leche. Sin embargo, en el mundo científico abunda evidencia de que su consumo no es saludable, ni siquiera por el aporte de calcio. En el año 2014, investigadores de la Universidad de Uppsala (Suecia) hicieron un seguimiento a 100 mil personas (61 mil eran mujeres) durante 20 años, y encontraron que el consumo de leche está asociado a una alta probabilidad de fracturas, entre otras cosas.

Hace poco fue noticia el informe que emitió la Organización Mundial de la Salud sobre la relación que existe entre el consumo de carnes rojas y embutidos, con algunos cánceres. Esta vinculación no tiene nada de nueva en el mundo cientifíco. Lo peculiar del asunto es que, a través de los medios de comunicación, los productores afectados dan su opinión, que obviamente consiste en menospreciar el alcance de este estudio para el contexto chileno. Lo cual es triste desde la perspectiva de la responsabilidad social. Evidentemente los productores tienen conflictos de interés con respecto a este tema. El argumento esgrimido en contra es que dicho estudio no se relaciona con la calidad de la carne vendida en Chile. Lo que es, por lo menos, llamativo, porque aún no se sabe el origen de la carne investigada. El artículo completo, basado en 800 investigaciones diferentes, aún no se publica.

No puedes confiar en la industria alimentaria para que te recomiende qué comer. Ellos no están interesados en tu salud. Es muy importante que la ciudadanía no sea tan inocente al creer que los “consejos comerciales” están interesados en dar una mejor calidad de vida a la población. La publicidad tiene por objetivo incentivar el consumo, no la salud.

[Publicado en La Discusión]

 

¿Qué fuma tu médico?

smoke_doctorOk, es posible que un mecánico tenga su vehículo con desperfectos, un panadero que no le guste el pan, un nutricionista con sobrepeso, y un médico que le guste fumar. En este último caso, no podemos juzgar dado que es un hábito, muchas veces adquirido a través de la dependencia.

Pero otra cosa muy distinta es la de que las firmas "gringas" (en este caso) utilizaban los resultados de una encuesta nacional de salud para promocionar el consumo de su producto... el cigarrillo.

Comparto la página de la Universidad de Stanford que recopila esta publicidad, sobre el impacto del Tobacco Advertising.

TOBACCO CAMPAINGS - STANFORD

 

Lo que dicen los científicos

PeriodismoCientificoChillán [Septiembre 2015] En programas de radio y televisión, en noticieros y en revistas de todo tipo, es posible encontrar curiosidades que hablan sobre algún nuevo descubrimiento científico, que valida o rebate el conocimiento popular. Estos anuncios generalmente comienzan con: “científicos de la universidad de…”, o “los científicos dicen que…”. Pero, ¿es completamente irrefutable lo que “dicen los científicos”? Quiero presentar algunas ideas que llaman a mirar con un ojo crítico estos anuncios, y las interpretaciones de dichos hallazgos científicos.

Un primer punto es que el resultado de una investigación científica siempre estará sujeta al método utilizado por el investigador. Eso quiere decir que si se utilizan dos o más métodos distintos para una misma investigación es posible encontrar dos (o más) resultados distintos. Se espera que estos resultados, al menos, sean parecidos, pero pueden no serlo. Tristemente también es posible que el investigador utilice el método que entrega los resultados que él mismo espera encontrar. Por lo tanto, aunque existan muchas investigaciones que aseguren un hecho, con solo una única otra investigación que diga lo contrario, es suficiente para que la duda sea válidamente sembrada.

Un segundo punto es que existen muchas instituciones con fines privados que están interesadas en los resultados científicos que incentiven el consumo del producto que venden. Eso quiere decir que están dispuestos a invertir en estrategias de marketing de trabajos científicos que alaben sus productos. Por ejemplo: aunque yo no sé si algunas vacunas (las que contienen timerosal) pueden provocar autismo o no, puedo buscar en bases de datos de publicaciones científicas y saber que varias investigaciones que ratifican la inocuidad de las vacunas han sido financiadas por empresas que fabrican las mismas vacunas, por lo que creo tener el derecho a la duda. Sin embargo, no todas las revistas científicas exigen declarar a los científicos si han recibido algún financiamiento.

El periódico The Washington Post del 10 de julio del 2014 publicó un reportaje sobre el descubrimiento de “anillos de corrupción” en el mundo científico; dichos anillos permitieron que fueran publicadas investigaciones completamente defectuosas. En dicha ocasión fueron descubiertos más de 60 artículos científicos, lo que sólo representaría la punta del iceberg. Por otro lado, Richard Horton, quién es editor de la revista científica The Lancet, la más antigua del mundo, y la más prestigiosa revista médica, dijo el 11 de Mayo de este año: “la mitad de los artículos científicos son falsos”. ¿Cuáles son sus argumentos? Pequeñas muestras estadísticas, efectos estadísticos muy poco significativos, análisis exploratorios inválidos y flagrantes conflictos de interés. Horton termina diciendo: “la ciencia está tomando un rumbo hacia la oscuridad”.

Existen muchos más ejemplos de casos que han salido a la luz pública, pero creo que lo dicho hasta acá es suficiente para considerar con más cuidado los eventuales descubrimientos. La mayoría no siempre tiene la razón, y los conflictos de interés han corrompido buena parte de la naturaleza humana de la ciencia.

Publicado en La Discusión

Liderazgo, transparencia y… ¿políticos?

1777890Chillán [Mayo 2015] ¿Te has sentido engañado alguna vez? Lo más probable es que muchas veces. Considera que para que exista engaño, primero debe haber confianza. En otras palabras, el engañador debe tener credibilidad de parte del engañado.

Por ejemplo, en el comercio se ofrecen productos o servicios atractivos, que luego de ser consumidos nos hacen sentir defraudados, porque no era lo que esperábamos. Antiguamente, era muy común que las empresas confundieran a los consumidores con el tamaño de los productos, debido a que la TV permitía dar la impresión de que el producto sería grandioso aunque, finalmente, no era gran cosa.

Observe que el engaño se hace aún más serio cuando el engañador tiene un gran deber moral ante el engañado. Imagine unos padres que constantemente mienten a sus hijos. Los hijos confían en sus padres. Pero si los padres presentan una conducta engañadora, tarde o temprano los hijos sabrán que no es confiable lo que sale de la boca de ellos.

Una situación deshonrosa a gran escala es la desilusión que los chilenos sienten frente a los líderes y autoridades del país. Para muchos políticos, la mentira se ha convertido en el recurso más barato para conformar las conciencias de los ciudadanos que descubren sus engaños y fechorías. Parece ser que nuestros políticos piensan de la siguiente manera: “no importa si robo, lo importante es que no me sorprendan”, “no importa si utilizo mi influencia ilegalmente, lo importante es no ser descubierto”, “no importa si utilizo mi autoridad política para…”, etc. Esta es una acusación muy fuerte, pero nuestros líderes políticos nos han dado el derecho de pensar así, después de ser descubierto un engaño tras otro. Unos meses atrás apareció una senadora diciendo en TV que nunca pidió dinero para su campaña; luego se descubre que realmente lo hizo. Posteriormente aparece diciendo que lo hizo “legalmente”. Si la primera vez fue una mentira, ¿por qué la segunda será una verdad?

¿Qué es lo que debería esperar la ciudadanía ahora? Si nos prometen autoridades correctas y líderes transparentes, ¿les creeremos? ¿Es posible que no exista un solo político con vocación? Todas estas son preguntas válidas dada la pérdida de confianza que se ha sembrado.

En el mundo privado, el dinero lleva al poder. En el mundo de la gestión pública, el poder lleva al dinero. La gran diferencia es que en el primer caso, es sabido que el empresario busca aumentar su capital. En el segundo, se supone que no.

Lamentablemente, un cambio masivo de gabinete no asegura que se designe a personas moralmente correctas, sólo asegura colocar a quienes aun no han sido sorprendidos.

Mi propuesta puede ser un poco exagerada para algunos, pero si la política no tuviese incentivos económicos, sería más fácil captar autoridades con vocación. La idea es que no se persiga el poder en función del dinero. Sino que se persiga el poder para gestionar el bienestar del país. Creo que todos aquellos que ambicionen un cargo público deberían pagar el costo de declarar su capital desde el inicio al final de su vida política, detallando cada ingreso. Eso sería transparencia y solo entonces la trilogía: “liderazgo, transparencia y política”, sería posible.

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Capitalismo y política, una historia de amor

Chillán [Enero 2015] El capitalismo es un concepto muy vapuleado últimamente. Puede ser incluso un tabú. Pero se debe decir que ni una economía de libre mercado, ni una economía centralizada son malas o buenas per-sé. Lo que sucede es que ambos mecanismos requieren de un equipo “humano” que construya y supervise las reglas del juego. Y sucede que estas personas suelen estar sujetas a carencias morales que ensucian, cualesquiera sean, las doctrinas económicas en régimen. Por un lado, si el Estado permite que la economía se auto-regule (capitalismo), los líderes políticos buscarán beneficiarse del proceso de esta “libertad” económica. Por otro lado, si el Estado regula rigurosamente la economía, las personas que trabajan en dicho Estado -y con suficiente autoridad- buscarán beneficiarse igualmente. Entonces, aunque ningún régimen es malo, terminan siendo ambos malos por quiénes los encabezan. En otras palabras, no es culpa del tipo de mercado, sino de los que participan de él.

Pero no es realmente que a las personas no les gusten algunos “puntos de doctrina” del capitalismo, sino que les molesta que el capitalismo haga más ricos a otros, que a ellos mismos. Y lamentablemente este es un asunto es tan real como doloroso. El libre mercado hace más rico al rico, y más pobre al pobre. El capital atrae más capital. Tal como la evolución sostiene, el más fuerte sobrevive y el débil debe morir. Pero (se supone) no estamos en un contexto salvaje, sino en una sociedad que busca el desarrollo. Aunque el capitalismo ofrece oportunidades, tristemente, muchas más a los ricos. Las razones son múltiples: favores de gente con ubicaciones políticas estratégicas, recursos monetarios, información, etc. Los pobres… ninguna de las anteriores. Pero el Estado se escuda al decir: “nosotros construimos oportunidades para quienes no nacieron en cuna de oro”. Y efectivamente, esa es su labor. Pero los noticieros nos informan de becas, fondos de inversión, licitaciones y toda gama de recursos públicos ganados por personas social y económicamente privilegiadas. Entonces, ¡hay que cambiar de gobierno! Tampoco, porque se trata de partidos políticos, no de partidos pro-ética. Desde Roma hasta acá, los partidos políticos son el viejo pascuero de una inocente e ilusa sociedad: nunca recibes lo que pides… y al año siguiente le vuelves a pedir.

Hay que madurar para “poner la ilusión” en los verdaderos agentes de cambio de la sociedad: las familias. Y no hay partido político que verdaderamente se desgaste en este tema, y esto simplemente porque otros asuntos son más rentables (en términos de votos, claro).

La mecánica social-política es sencilla. Los partidos políticos están conformados por seres humanos tomados de la sociedad (o por ellos mismos) para representar un grupo de la sociedad. Pero, si 9 de cada 10 manzanas del cajón están podridas, ¿Cuál es la probabilidad de elegir la buena? Mirando desde este ángulo a la sociedad, no nos quedan muchas expectativas para ver un cambio en el corto plazo. Hay que jugar la única carta que queda, educar hoy moralmente una sociedad para el mañana. Si no lo hacemos hoy, mañana serán 10 las manzanas podridas.

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Incentivos: del hogar a la sociedad

Chillán [Noviembre 2014] Todas las acciones que realizamos y las decisiones que tomamos racionalmente son influenciadas por incentivos. Estos incentivos existen de acuerdo a las motivaciones que tenemos. Por ejemplo, para una persona con vocación de servicio, el tamaño de su sueldo no es un incentivo para su desempeño profesional.

El asunto de los incentivos es muy importante en el mundo de hoy, donde no se debe obligar a las personas a que se comporten de una forma específica. Por lo tanto, los padres entregan incentivos a los hijos para que se comporten de forma adecuada, las empresas entregan incentivos a los trabajadores para que rindan de una forma esperada y el gobierno genera incentivos para que las empresas se comporten de forma ética y responsable, y finalmente, la decisión de comportarse “correctamente”, es propia del individuo: no se obliga a nadie.

Sin embargo, aunque el gobierno, las empresas y los padres entreguen incentivos esperando un comportamiento positivo, la sociedad igualmente provee de incentivos, pero muchas veces negativos. En economía, se llama a éstos: incentivos perversos. Por ejemplo, las AFP les cobran lo mismo a sus clientes sin importar si estos pierden o ganan en sus fondos ¿tienen incentivos para aumentar la renta futura de sus afiliados? Un médico que atiende sólo por consulta particular, no por FONASA ¿estudió medicina incentivado por el servicio a la sociedad? Y así se pueden encontrar otros ejemplos.

En este sentido, el gobierno diseña y rediseña instrumentos para fiscalizar el comportamiento ético a nivel público y privado, construyendo mecanismos de incentivos económicos. Pero, ¿has pensado si los países más desarrollados poseen mejores incentivos que los nuestros, y por eso “son mejores” en términos económicos y cívicos?

Creo que la respuesta no está en, simplemente, construir incentivos externos, sino que la mayoría de éstos debieran ser internos. Observa esta idea, continuando con el ejemplo de la crianza de los hijos: después de varios años de educación impartida en casa, los niños y jóvenes hacen lo correcto, no porque saben que recibirán un incentivo o castigo, sino porque saben que es un deber ante sus padres, a quienes aman, saben que tienen participación en una sociedad y son responsables con ello, y se ha formado en ellos (con mucha dedicación de sus padres) una estructura moral inquebrantable. Donde ahora el joven no se comporta como el resto de sus pares, sino como aprendió en casa que un ciudadano debe hacerlo. Y este ciudadano responsable, al tomar participación en una empresa, como obrero o profesional transmitirá esta conducta moral y ética en todo lo que hace y la empresa ya no necesitará incentivos para ser socialmente responsable porque los que la dirigen ya lo son. Y el gobierno, dirigido por este mismo tipo de personas, ya no necesita dedicar recursos a fiscalización ni construcción de incentivos, porque todo el entorno económico, responde a una misma regla ética.

Todo esto es utópico. Pero mi opinión es que la sociedad corrupta en la que hoy participamos es sólo el resultado de los incentivos impartidos al principio de esta cadena de acontecimientos: en el hogar, que es la base de la sociedad.

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